SOLIDARIOS CON EL MUNDO. CARMELITAS DESCALZOS
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Entrevista a Juan José Rodrigo Ortega, actual Presidente de Solidarios con el Mundo.

Por Mª Ángeles Manresa (25/05/2019)

  1. Juanjo, teniendo en cuenta que has realizado ya muchos viajes a África y que estuviste viviendo allí cerca de dos años, ¿qué evolución has visto a nivel de infraestructuras, sanidad o educación en Costa de Marfil?

Pues la verdad es que yo he conocido el periodo entre guerras y el periodo postguerra. La última vez que estuve, hablando con las gentes del país, percibí que existía una fuerte percepción de inestabilidad política y de corrupción; el descontento social es muy grande, y alguien me llegó a sugerir que no sabía si este periodo que está viviendo ahora Costa es de postguerra o de entre guerras.

La parte en la que los Carmelitas nos hemos asentado es una zona de gran pobreza y ha sido la parte “perdedora” de esta guerra civil. Por lo que muchos se sienten explotados, las desigualdades sociales crecen y muchos no tienen acceso a los servicios básicos de sanidad o educación.

Por otro lado, el país ha mejorado a nivel de infraestructuras urbanas (más carreteras, en mejor estado, más edificaciones y casas de ladrillos), pero sobre todo existe una desigualdad brutal: mucha pobreza que coexiste junto a un grupo de privilegiados que acaparan los beneficios de la explotación de los recursos marfileños.

Porque lo curioso es que Costa es un país con una riqueza inmensa (diamantes, oro, cacao, copra, aceite de palma...) de la que salen constantemente barcos enormes cargados con estos materiales. ¿Quién se beneficia de este comercio? Pues ya os imagináis, pero el pueblo no. Así que hay mucha emigración en busca de otras oportunidades mejores para vivir.

  1. ¿Y qué evolución has visto en Burkina Faso?

En Burkina se nota desde el principio que es un país mucho más pobre y que ahora está siendo azotado también por el terrorismo islamista. Toda la inestabilidad que hay en los países de alrededor le afecta de pleno, más aún, teniendo en cuenta que las fronteras africanas se hicieron con escuadra y cartabón, separando a familias y tribus enteras. Y hoy por hoy hay zonas en las que no se entiende que pertenezcan a distintos países.

  1. ¿Qué diferencia hay entre las ONG que hacen proyectos puntuales y Solmun que tiene una contraparte en los carmelitas que viven allí y forman parte de la población?

Nosotros los Carmelitas Descalzos hemos creado una nueva generación de carmelitas nativos en un tiempo récord. En tan solo una generación ha habido un relevo de los primeros carmelitas que se asentaron allí, como son los padres Maximiliano, Espirindio o Sergio Marqueta. Los nuevos carmelitas nativos son gente con grandes capacidades y muy esforzados. La formación inicial en el Carmelo es muy seria, lo cual hace ya una criba grande de personas. Quien piense que hay africanos que se han hecho carmelitas huyendo de la pobreza o buscando comodidades, se equivocan de lleno, y no conocen a nuestros religiosos africanos. Evidentemente no son perfectos, como tampoco nosotros lo somos. Pero quien pasa y completa los procesos de formación, y así se está demostrando, es por pura vocación religiosa, espiritual y carmelita. Ya que con la formación de estudios superiores que les damos de teología y demás podrían irse a trabajar a cualquier otro sitio y no lo hacen, sino que siguen entregando su vida a Dios en la orden. Es por ello que pueden estar al frente de cada uno de los proyectos que Solmun ha desarrollado, y ellos supervisan todo, nos aportan la información, nos dan cuentas de los gastos y de los problemas o las necesidades.

  1. ¿Con qué finalidad fuiste este penúltimo viaje en el que también se fue tu madre Amparo, la cual trabaja con mucha pasión desde Xirivella para Solmun y también Mª Teresa Porcar, la encargada de proyectos?

Hacía más de un año que no íbamos a revisar los proyectos y había que ir a revisarlos todos. Además, mi madre ha colaborado mucho y está muy implicada en todos los proyectos desde Xirivella y quiso ir a conocerlos de primera mano. Con lo cual puede dar testimonio a sus paisanos, que tanto también colaboran con Solmun, de todo lo que ha visto. Además de que iba como compañía y soporte.

Hay demasiada distancia entre África y España y no es suficiente la comunicación telefónica o vía email. Hay que ir al sitio, hablar con todos los implicados en los proyectos. Verlo con los propios ojos, pues es la única manera de entender cada una de las realidades y por tanto de actuar adecuadamente.

En todos los proyectos seguíamos el mismo esquema de trabajo: primero hacer un histórico de lo que se había hecho, después ver el sentido de continuar con los proyectos, ver si tenían que ser reformulados, o si tenían algún problema. Además, ahora estamos en un momento nuevo en el que prácticamente no hay subvenciones de ningún ente y las pocas que hay son de enormes cantidades dirigidas a organizaciones con una infraestructura mayor que la nuestra. Pero nuestros proyectos tienen necesidad de dinero para mantenerse y continuar. Por ejemplo, el mantenimiento del pozo de agua potable, la compra de libros, el pago de los salarios de los empleados del centro social-biblioteca, o el centro de salud...

Para la continuidad de los proyectos no hay subvenciones: éstas se dan para construir algo, para comprar un coche... pero ¿cómo se paga la gasolina del coche o las reparaciones del taller? Por eso, es gracias a las cuotas de los socios que se pueden mantener los proyectos con una cierta estabilidad. Todas esas pequeñas cuotas de los socios hacen posible que se puedan mantener y mejorar los proyectos iniciados en su día gracias a una subvención.

  1. Hiciste también un último viaje con un equipo de odontólogos. Cuéntanos cuál era la finalidad y qué población se ha beneficiado de esta acción.

En esta ocasión fui con la Dra. Serna, de Caravaca, con su marido Juan de Dios y con una enfermera que ellos conocían. Se llevaron un equipo portátil con todo lo que ellos necesitaban de material odontológico. Fuimos primero a Burkina Faso y luego a Costa de Marfil. Actuamos principalmente en nuestros dos orfanatos, aunque finalmente se acababa beneficiando más población: sus familiares sin recursos. Al final atendimos a varios cientos de personas, porque aquello fue un no parar, fue agotador, además de tener que trabajar en un espacio tan poco acondicionado como teníamos. Yo hice de traductor y ¡hasta de ayudante! ¡He aprendido mucho de higiene bucal! (Nos reímos). Y a veces había que hacer hasta una doble traducción, pues no todas las niñas hablan francés y la hermana tenía que traducirla primero desde su lengua local al francés, y después del francés al español.

Había niñas que estaban muy cohibidas, casi muertas de miedo por la inusual presencia de blancos con unos aparatos que no habían visto nunca. Se notó muchísimo la diferencia de nivel entre Burkina y Costa de Marfil: Burkina mucho más pobre. Había cosas que nos impactaban: vimos niñas que venían con un miedo... Y luego les veíamos las cicatrices enormes en las piernas y claro, entendíamos que habían sufrido un maltrato brutal.

También me acuerdo mucho de una niña en especial: Marie. Esta niña llegó con mucho miedo a la consulta improvisada que teníamos. ¿Quién no tiene miedo cuando va al dentista? Pero llegó también con muchísimo dolor. Tenía al menos 4 caries, algunas profundas y un agujero en uno de los dientes frontales que se veía muchísimo. La doctora estaba exhausta, pues era ya el último día, pero no quiso dejar ese agujero así y se lo tapó con un empaste. Cuando la niña se vio en el espejo, la sonrisa que le apareció en el rostro fue alucinante: toda su autoestima se vino arriba. ¡Hala! ¡Qué maravilla fue ver su reacción, solo por eso ya mereció la pena el viaje!

Su marido, mientras, hizo un reportaje fotográfico y de vídeo, porque es amante de la fotografía. Se trajo muchísimo material y en cuanto pueda lo organizará para hacer una exposición.

  1. Seguro que resultará preciosa esa exposición, espero que no tarde mucho en organizarlo y podamos llevarla a varias sedes de Solmun. Juanjo, ¿qué te impresiona más de los africanos?

Es muy difícil sintetizar. Creo que uno que no ha ido a África no se hace a la idea de cómo podemos estar en España hablando y discutiendo por cosas que en realidad son superficiales, no valoramos lo que tenemos ... Por una parte es tan distinto todo: la filosofía de vida, la manera de vivir... Cuando uno viaja a estos lugares... cambia. Cambia porque uno que ha salido del pueblo cuando vuelve y escucha las rencillas las sitúa en su nivel, como cositas de pueblo. Y cuando ha salido del país y del continente y escuchas hablar a personas que no han salido nunca de su ambiente natal, pues ves que las cosas no son tan así, que hay gente buena y mala, de todos los colores y en todos los lugares. Pero son situaciones muy distintas, en realidad el hombre es el mismo, somos todos humanos cada uno en su circunstancia. ¿Por qué me ha tocado a mí ser blanco y vivir en mi cultura y a otros no? Porque me ha tocado. Te planteas muchas cosas así. En África hay mucho contraste entre el mundo urbano y el mundo rural. Las diferencias son muy salvajes. Y ves un mar de necesidades donde puedes dar una gota de alivio. Pero vuelves siempre con más preguntas que respuestas.

Cuando uno va la primera vez escribiría un libro con todo lo que ve, te sientes un explorador, también crees que sabes mucho sobre ellos después de estudiar tanto. Pero cuando llevas ya un tiempo con ellos pones muchos matices a las observaciones que has hecho: “no era tan así”. Cuando ya estás yendo una cantidad de años dices: “estoy en un universo desconocido del que no sé nada”. Cuanto más sabes de algo, más descubres tu ignorancia sobre ese algo. Así que hay que ir con mucho respeto. La estructura humana es clara: tenemos dos oídos y una boca, luego hay que escuchar más de lo que hablamos. No precipitarse en los juicios. Es verdad que muchas veces no entendemos muchas cosas. Nuestra manera de actuar es muy distinta a ellos, así que hay que ser cautos, prudentes... Hacemos lo que podemos y creemos que lo estamos haciendo bien, pero tampoco podemos implantar objetivos de empresa, porque te llevas muchas sorpresas con todo, con la gente, tanto para bien como para mal. Al final, si uno está en esto está por lo que está. Porque el que quiere ir a África simplemente a llenar su ego y decir “qué bueno soy” y cuántas satisfacciones me llevo y tal, con dos viajes es suficiente.

  1. Quien va a África suele decir que se enamora de este continente, por otro lado, con tanta variedad de paisajes y de costumbres. ¿Te gusta ir a África?

Tiene su atractivo, evidentemente. África es un continente vivo y joven, pero tiene sus dificultades. Vas a África porque tienes que ir, por coherencia interna: estás metido en un proyecto y quieres que salga adelante. No voy de vacaciones, voy para supervisar los proyectos, además de que lo disfrutas, porque has de disfrutar de todo lo que haces, pero nunca me iría allí de vacaciones. Son lugares donde hay que ser muy cautos, prudentes, donde lo pasas mal en algunas ocasiones.

Pero en África hay gente buena que sufre, que nos necesita y por todos estos seguimos haciendo estos proyectos y tenemos unos religiosos que están llevando el Carmelo allí y que junto a esta labor espiritual están llevando a cabo estos proyectos. Y nosotros los queremos apoyar, aunque pasemos calor, etc. ¡Claro que también disfruto cuando estoy con mis hermanos de Costa de Marfil, porque me gusta estar con ellos!

  1. Seguro que cuando piensas en Costa y Burkina se te aglutinan en la mente y el corazón personas, paisajes, sabores, olores.... Comparte con nosotros un poco tus recuerdos más significativos, alguna anécdota...

En cuanto a sabores: el picante... Me acuerdo de una vez que fuimos con unos cooperantes y fuimos a un sitio a que nos prepararan un arroz y les pedimos que por favor no pusieran picante, porque no estaban acostumbrados. ¡Pues aquello era una cosa de picante que me lloraban hasta las orejas! Y nos decían: “¡si casi no le hemos echado picante! ¡Es que si no le ponemos un poco no sabe a nada!”. Es tremendo.

En cuanto a olores: están, por un lado, los olores de las especies, por otro lado, la de las aglomeraciones humanas. Pero hay otra cosa: la contaminación. Tenemos dos ambientes muy distintos. El ambiente de nuestras casas en Burkina es muy limpio porque está en una zona rural, es la sabana africana, hay unos cielos claros, no hay nada de industria. Pero África es el chatarrero de Europa y de América; los coches y camiones que en estos continentes ya no sirven, aquellos que aquí te multarían por ir con ellos y no pasarían la ITV, los cargan en barcos y se los llevan allí. Y mientras el coche funcione, con 40 ó 50 años, pues los mantienen en circulación. Y claro, tiran unos humos negros muy contaminantes.

Nuestra casa de Costa de Marfil que está al lado de la carretera, entre la humedad del mar y la contaminación de tantísimos camiones y coches viejos, tiene las paredes negras, y eso va a nuestra respiración también y se traduce en enfermedades, en todo. No olvidemos que estamos hablando del vertedero del mundo desarrollado.

En cuanto a paisajes son idílicos. Yo nunca había hecho turismo allí, pero en este último viaje en el que acompañé a esta pareja (la dentista y su marido) para hacer de traductor y ayudarles en el tema de seguridad, etc. sí que he podido ver cosas que no había visto nunca. Por ejemplo, los manglares, parques naturales y te das cuenta de la riqueza que supone África en muchos niveles. Y también pude ver paisajes devastados por la mano del hombre. Me comentaba gente de allí que en los años 60 las tribus vendían selvas a 2000 francos (3€) la hectárea, y por ese dinero devastaban árboles centenarios que acababan siendo maderas preciosas para Europa y los convertían en cultivos de piña.

La piña es un matorral, como la alcachofa, y cuando la cortas esa planta ya está muerta hasta que plantas otra. Con el cultivo de la piña se devastó una zona inmensa que era selva tropical. Pero llegó un momento que en lugar de comprar la piña a Costa de Marfil se empezó a comprar a Costa Rica, porque allí son más grandes; así es la competencia. Entonces se arruinaron las compañías de Costa que se dedicaban a la piña y se dejaron abandonadas hectáreas enteras, así como todo el sistema de viviendas para los trabajadores que hicieron en torno a ellas. Así que pasas por kilómetros y kilómetros en los que pasas del bosque al matorral que son estas antiguas plantaciones, donde ya no se ha plantado nada. Así que en una zona donde el bosque daba de comer a las tribus que vivían allí, se ha acabado con todo para tener materias primas aquí o para el comercio, pero luego ya no ha habido alternativa. Se les abandona y ya está. Pero esto se ve viajando, claro.

¡Muchas gracias Juanjo por compartir tantas experiencias! Ha sido muy enriquecedor e interesante, además de un momento muy agradable escucharte aquí, en el claustro del convento de los Carmelitas de Burriana. 

 

Entrevista con Amparo Ortega

Amparo con Romain y con Juanjo, su hijo y carmelita descalzo.

Amparo Ortega es voluntaria y coordinadora de las actividades de Solidarios con el Mundo que se realizan en Xirivella (Valencia)

 

Hace poco tuvimos a una de nuestras voluntarias más activas dentro de la familia de Solidarios con el Mundo visitando nuestros proyectos en África. Ella está jubilada, no tiene grandes recursos económicos, ni está perfecta de salud, pero tiene una voluntad enorme y un corazón de oro. Queremos que comparta con nosotros su experiencia.

 

1. ¿Qué ha supuesto para ti en tu vida formar parte activa de SOLMUN? ¿Qué te ha aportado?

            Soy socia de Solmun casi desde el principio de su creación. Para nosotros era una forma de ayudar, pero todo cambió cuando fui a África la primera vez, cuando me quedé viuda. Desde entonces, viendo lo afortunada que he sido, y viendo la necesidad de ayuda que tenían estas gentes, mi vida cambió.

2. ¿Qué te anima a colaborar desinteresadamente con tanto tesón y constancia?

        Me animé a colaborar con mi granito de arena al ver que con mi tiempo puedo hacer algo para que la vida de estas personas sea algo mejor.

3. ¿Qué te impresionó más de tu reciente viaje a Costa de Marfil, de las gentes, el ambiente, los proyectos?

       Ver los proyectos realizados: tanto el Hogar Betania con esas niñas tan maravillosamente cuidadas, la escuela con sus 750 alumnos tan bien atendidos, el Instituto de Secundaria (Lycée) casi terminado como el consultorio médico con sus salas. Allí en África es un lujo poder hacerse ecografías estando embarazada, y además tiene sala de partos y otras opciones de asistencia médica.

4. ¿Y qué te impresionó más de Burkina Faso como país o de nuestros proyectos?

      Me impresionó ver que ya tienen algunas carreteras de población a población, que sus casas ya no son de palmeras como yo las recordaba del primer viaje, ahora son de adobe. Me impresionó también ver la granja escuela, que ya empieza a producir. En definitiva me impactó el ver los proyectos realizados en marcha y ver que nuestro esfuerzo vale la pena.

5. ¿Tienes alguna anécdota en particular de tu viaje africano?

       Me emocionó ver a Romain, un niño que gracias al pequeño sacrificio de algunos se pudo operar y vive.

6. ¿Te trajiste en el corazón a alguien en especial de África? Quizás la historia de algún niño, algún adulto, religioso...

      Sí, me traje a todos esos niños y niñas y a esos misioneros que están tan generosamente dando su vida por los demás.

7. Seguro que tienes un buen equipo contigo trabajando en Xirivella (Valencia), porque con todas las actividades (galas, venta de lotería, de buñuelos...) que hacéis hace falta la implicación de varias, si no muchas personas.

      Los que más dedicamos tiempo formamos un equipo más bien reducido. Pero hay mucha gente que valora nuestro esfuerzo y que de algún modo nos ayuda.

8. ¿Recomendarías a los jóvenes de hoy día que se hagan solidarios de alguna causa? ¿Por qué?

       Sí, sin lugar a dudas, porque se recibe más de lo que se da. Y realmente hace falta que cada uno de nosotros dediquemos parte de nuestro tiempo a la causa que a uno le toque más el corazón, porque no hay que olvidar que hay mucha gente necesitada de muchas cosas, pero sobre todo, de amor.

 

 

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